NAZARIO NEFTALÍ  VÁSQUEZ GARZA -MÉXICO-

PÁGINA 21

Mi nombre es Nazario Neftalí Vázquez Garza, tengo 19 años, soy mexicano y padezco síndrome de Asperger. Actualmente estudio en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), en un grupo especial donde me he desarrollado alegremente. Mis hobbies son la lectura, caminar, jugar videojuegos e investigar temas de mi interés.
 
EL BANQUETE DE HADES
 
El cerebro de Ed trataba de escapar, podía sentirlo retorcerse y golpear el interior de su cráneo. Cómo cada roce degeneraba en un dolor más profundo y a la angustia manifestarse en sudor frío que emanaba de sus poros.
Yacía el inerte en la cama. Observando las tinieblas que le rodeaban esmerándose en sumergirle en el paradisiaco mundo de los sueños; mas la aflicción le impidió realizar tal anhelado viaje. En su lugar fue arrastrado a los círculos del averno los cuales consumieron su cuerpo en un fuego intenso. Su estómago comenzaba a denotar terror agitándose en su interior desesperado por huir del destino que le acechaba. Hasta que una viscosa sustancia brotó de sus ojos y le permitió en un breve movimiento descender al suelo. Cuando finalizó retomo su posición. Acometido por la debilidad del esfuerzo, lo único funcional en él fue la voz que exclamaba diversos lamentos dirigidos a seres invisibles.
Deseaba la presencia de sus padres, que se encontraban ausentes debido a un compromiso al que no les acompaño atribuido a su condición. Sorpresivamente una fuerza inusitada cumplió la petición de Ed; pues en el umbral de su hogar retumbaron unos pasos familiares penetrando hasta la sala. Esperó entonces a que visitaran su dormitorio y notasen el precario estado de su cuerpo, pero después del regreso, el silencio reinó; tornando la esperanzadora euforia en un estremecimiento aterrador. Empezó a gemir tratando de que contemplasen el dolor cernido sobre él y se encaminasen preocupados a donde estaba. Sin embargo, su aparente indiferencia logró acallarlo y ahogarlo en un mar de melancolía. Ya que temía estar en peligro de ser usurpado por el espectro de la muerte.
Se elevó empleando sus esqueléticos brazos. Planificando cada movimiento para así evitar caer o lastimarse. Por alguna razón que desconocía, su piel ya no reaccionaba al tacto. Quizá sus nervios ya habían sucumbido ante la extraña enfermedad facilitándole el avance. Sentía la piel seca estirarse con cada pisada, y de repente un muro le interrumpió el paso. Palpó en busca de la perilla para averiguar si acaso esta era la puerta. Y en efecto resultó ser el objeto de su deseo. Por lo que procedió a abrir el portal dejándole ver las siluetas de sus padres rodeadas por la oscuridad. Parecían ensimismados en algún plano desconocido debido a sus rígidas posturas. Seguidamente encendió la luz apoyándose en una pared y vio sus extraños ojos, carentes de brillo y estaban desviados a posiciones anormales. Sus rostros eran pálidos y sus labios inferiores se hallaban caídos. Por un momento imaginó que eran cadáveres en posiciones extravagantes hasta que el padre quiso comunicarse con él – Yo… Hambre… perro- De su boca paralizada salieron tales palabras dichas por una voz ajena, era aguda y mecánica. Se quedó pasmado y antes de que respondiese al extraño comentario su madre inició uno similar – Creador… Carne… - poseía una entonación similar; más su quijada se movió violentamente al pronunciar esas incoherencias. Sus huesos crujiendo se apreciaron desde la distante ubicación de Ed.
Continuaron un tiempo indefinido recitando aquellas palabrerías carentes de sentido, formando al unísono un sonido que descendía y bajaba de volumen hasta que el silencio retornó. La mandíbula de la madre se desprendió consecutivamente de haber aumentado la velocidad de su habla. De repente un silbido proveniente de los autómatas que aparentaban ser humanos se hizo presente, entumeciendo los músculos de Ed provocándole una torpe caída. Se reincorporó con facilidad. Siendo el dolor inexistente y sin agravio conocido, mas fue espectador de una horrida metamorfosis. Las cabezas de sus padres se derritieron adquiriendo el aspecto de una masa burbujeante y dando lugar a unos cráneos insectiles que despedían un intenso olor a cloro. Consecuentemente avanzaron hacia Ed, esforzando sus cadavéricas extremidades que crujían con cada paso. Apuntando sus maleables cabezas hacia él, como si al hacerlo llegasen con más rapidez, hablando en un lenguaje desconocido que era compuesto por extraños sonidos agudos y metálicos. Dominado por el instinto e ignorando su fragilidad huyó hacia el umbral del exterior, a cada complejo paso sus piernas se debilitaban dificultándole continuar con su objetivo. Aun así, a las extrañas criaturas les resultaba un más arduo trabajo perseguirle, pues eran cuerpos de cadáveres quienes que les transportaban.
Al materializarse su ansia abrió sin chistar la puerta que ocultaba su libertad. Mas para su desgracia las tinieblas lo habían conquistado todo. Lo único ahí perceptible era un aire caluroso que arrebataba el aliento de sus pulmones sofocándole y forzándole a olvidar lo que pudo haber sido su absoluta salvación.
Repentinamente unas manos heladas y delgadas le tomaron por los hombros alzándole hasta la altura del pecho de su padre. Su cuerpo se negó a luchar contra la voluntad de los seres, ya que este sucumbió ante el agotamiento por la persecución obligándole a someterse ante sus aún desconocidos propósitos. Su mirada se posaba en el suelo notando como este se movía, tranquilizando su mente; haciéndole a abandonar la imposible calamidad que ahora acontecía para reintegrarse en un mundo fragmentado. Las divagaciones fueron suspendidas al hacer contacto con un objeto de algodón, era una cama. Todo se trató de una especie de delirio provocado por la fiebre, pensó esperanzado. Sin embargo, aquel espejismo se desvaneció al notar sus cabezas acercarse a su campo de visión. Esta vez lanzando un potente siseo y hundiendo sus cráneos en la garganta de Ed, quemándola con la misma sustancia que generaba el olor a cloro. Se sumergieron cada vez más en sus entrañas atravesando los vasos e hirviendo su sangre. Durante el suceso lanzaba potentes arcadas y gemidos apenas oyentes.
En un principio el terror residió en sus venas, rogaba que los reinos del más allá le llevasen a sus estancias y ser libre de aquel capricho de la vida. En efecto una luz cegadora lo penetro, alejando a los seres que aún se mantenían depositados en él. Hasta que el negro volvió seguido de una gran sensación de éxtasis. Su corazón fue víctima de un perpetuo orgasmo seguido de una calidez que le absorbió, perdiéndose en el vacío.
Recuperó después de un tiempo indeterminado la conciencia, percibiendo los elementos del dormitorio con mayor detalle. Se sobresaltó al notar la desaparición de las criaturas. Entonces trató de levantarse inútilmente. Puesto que un bulto anidaba en su estómago, el peso impedía su movilidad por lo que se abstuvo de cualquier acción reflexionando sobre los inexplicables sucesos. ¿Qué ocurrió con mis padres? ¿Esos seres los suplantaron? ¿Qué fue esa sensación que me dio semejante placer…? ¡No! Sus pensamientos se negaban a fluir con precisión, accediendo a memorias e ideas que no tenían nada en común con lo planteado. Quizás el dialogar consigo mismo le ayudaría a concentrarse en su búsqueda de la verdad. Mas al mover sus labios ninguna voz emergió. Comprendió que la corrosiva sustancia quemó sus cuerdas vocales. En cólera erguía sus puños dispuesto a azotar su vientre, imaginando que en el moraban todas las desgracias. Al concretar tal impulsividad experimentó un sinfín de puñales clavársele. Además de vislumbrar un líquido verdoso que surgía de entre sus piernas, seguido de sangre que manchaba las sabanas.
Un grito sordo se arrastró por el viento en representación del increíble dolor. De repente su canto se vio detenido al escuchar la voz de un ser que se consumía ante la puerta. Se asemejaba a la propia sangre poseyendo la diferencia de ser más oscuro. Formando una sonrisa con aires de malicia, creando dos ojos cuadrados y desiguales; también una cabeza geométrica. –Hola padre- entonó en su interior. Como si fuese un mensaje psíquico –No hablo contigo, me dirijo al hombre detrás de tu rostro- ¡Era a su cerebro al que se refería como padre! Entonces recordó las viscosas lágrimas que salieron de sus ojos. Seguramente provenía de ellas y ahora había cobrado voluntad por ley de esta caótica e irracional vivienda.
- ¡Porque lo encierras adentro, él quiere salir! - Exclamó como si le reclamase un crimen o pecado, seguidamente, se arrastró usando sus apéndices cual tentáculos. Lanzando una mirada fugaz que reprendía un acto que no comprendió.
Al ser su movimiento limitado se cobijó como un acto de defensa inconsciente. Esperando a que la bestia se esfumase. Sin embargo, la suposición era errónea ya que sintió como se colocaba sobre el cobertor continuando con su estrafalario comportamiento; desgarrando la tela para así realizar su acometido. Vio como sus apéndices alcanzaron la parte posterior de su cráneo e iniciaban una trepanación; arañando su carne abriendo paso hacia su cerebro quien presumía era el padre. Cuando ya logro una pequeña abertura los hilos del miedo le halaron con extrema fuerza desprendiendo al ser que se perdió en las sombras.
Se alzó sosteniendo su estómago entre sus brazos. Soportando el dolor que regía la zona para aventurarse a la cocina, manteniéndose en un constante estado de alerta. Temiendo encontrar otra semejante situación.
Al llegar le regocijó la soledad que invadía los rincones del todo. Creyendo poseer por un momento alguna clase de libertad, no obstante, esa ofuscación fue irrumpida por la realidad. Ya que aún resonaban el inconcluso paradero de sus padres, la insólita oscuridad que abordaba las afueras, asimismo la procedencia y actual paradero de las criaturas-bicho. Prosiguió a lo largo de la casa en búsqueda de los insectos, indagando si aún se hallaban presentes. Manteniendo una considerable distancia con las penumbras de algunos cuartos presintiendo que en estos se ocultaban escenarios terribles a los que se accedía con sólo atravesarlos sin necesidad de una completa vista.
Unos gemidos procedentes del cuarto de baño llamaron entonces su atención. Pues eran comparables al siseo que le envió a ese delicioso mar psicodélico. No osó en abrí la puerta por el evidente riesgo al que se exponía. Probablemente repetirían la inyección de la sustancia degenerándole todavía más o sus mentes poseían un dote sádico y conspiraban para él un tormento peor e inesperado. Retrocedió con cada imagen que asaltaba su visión representándoles en variadas acciones bizarras y utópicas. De repente una conexión de palabras le hizo reconsiderar su perspectiva –Cuerpo de Dios… - Ambos mencionaban esa frase con cierto ardor pasional ¿Acaso tendría algún significado? Esa pregunta acalló el miedo que con tanta insistencia exigía su partida y en un estado hipnótico se aproximó al origen de las voces. consecuentemente pujó lo que protegía aquello que le magnetizaba para observar horrorizado a ambos seres intimando con los cuerpos de sus padres. Sus pieles en estado de descomposición plegadas una sobre otra exponiendo los músculos que se fundían en una masa amorfa la cual palpitaba cada cinco segundos. Debajo se estaban proporcionando un mutuo placer que brotaba con la expresión –El cuerpo de Dios. - Al percatarse de él, las larvas huyeron en completo silencio. Separándose de los cuellos carcomidos abandonándole ante la impetuosa obra que se derretía en un líquido oscuro, miró pasmado.
Se dirigió de regreso a su dormitorio rendido ante la gran desgracia que le acogería durante un periodo confuso. Planeó pasarlo en cama donde podría estar parcialmente seguro; aunque atormentado por diversas interrogantes que jamás serían respondidas y miedos infinitos. De repente en el camino tropezó ante un objeto no antes visto, por lo que su estómago cedió reventando y salpicando a sus alrededores. Otro grito silencioso se inmiscuyó en el viento expresando el límite de su sanidad. Expandiéndose hacia los confines del más allá que intervino en su rescate iluminándole una vez más con su rayo y elevando la calidez de su paz.
Sus intestinos adversos a su salida se determinaron a arrastrarse cual serpientes. Seguidamente, se enrollaron en una mesa ejerciendo una fuerza similar a cadenas que le mantuvieron flotando. Ambos contrariados elementos luchando para preservarle en alguna estancia. Hasta que la luz se diluyó ocasionando su caída dejándole a merced de lo impredecible.
Paralizado ante una aplastante depresión sintió un cosquilleo en su piel que se evocaba en zonas específicas. Su cabeza giro sin su voluntad, seguidamente un gemido ahogado emergió de sí. Un nuevo rostro se estaba formando en su mejilla que posteriormente tomaría el control; al igual que sus demás articulaciones y órganos. Podía advertir sus dientes esmerándose por construir oraciones, convirtiéndose en criaturas independientes. El ser que creyó perdido en las sombras trepó por su cuello y se enfocó en el agujero de su cráneo y dijo así:
–¡Hola, padre! ¿Respiras mejor? - A lo cual recibió como respuesta por parte de unos labios recién surgidos. –SÍ-.              
Informe Medico
 
Producido: Unidad asistencial medica
Interno: Eduardo Saldaña
Nota:
Destino:
                                                   Monterrey, Nuevo León/ 16 de agosto de 1995
Interno Eduardo Saldaña, con 19 años de edad. Se le encontró postrado en su cama inconsciente. Sin pulso, con un nido de insectos emergiendo de su cráneo, provocando alteraciones en su fisionomía: Un ojo faltante, cráneo roto, pómulos expuestos e infectados. Se realizó ECG y se constató óbito siendo las 5: 23 Am.
Los padres del paciente mencionaron unas horas antes un recurrente dolor de cabeza, fiebre y vómito.