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PÁGINA 22

 

NATALIA FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ. -ESPAÑA-

Me llamo Natalia Fernández Rodríguez y nací el 19 de julio de 1975, en un pueblo de León (España). Mi nombre de autora es Natalia Rodríguez. Soy indumentarista regional y costurera. Desde niña soy aficionada a la lectura lo cual hace que me animara a cursar el Taller de literatura de Andrea Pereira año 2021 /2022.
Mi primera publicación en el séptimo concurso internacional en Versos compartidos 2021 Uruguay, con un cuento titulado, Ni tan loca ni tan cuerda y una carta titulada, Una prometedora ilusión. Las siguientes publicaciones son en Perro negro de la calle, México, con tres cuentos titulados, El llanto, Compañía costosa y Mi fiel amiga. Y recientemente mi sexta publicación en Horizonte gris, Colombia con un cuento titulado, La ley Santa. Mi sueño es poder publicar mi primer libro y lucho cada día por conseguirlo.
 

COMPÁS DE GAITAS
 

Aquí estoy justo en mitad de la plaza Carbayón, enfrente de mí está el resplandeciente  Teatro Campoamor es muy bonito y hoy por extraño que parezca,dado que aquí en Asturias siempre suele llover o eso me contaron, hace un sol radiante dando a la fachada del teatro una luz que hace que no dejes de admirar tal monumento, es precioso.
Como me gustaría que mi padre estuviera aquí conmigo, viviendo este momento único e irrepetible.
Recuerdo el día que nos llegó la carta certificada, mi padre se encontraba convaleciente en cama, al igual que mi madre,también se contagió de covid, casi al mismo tiempo, los dos ingresados por neumonía, fueron intubados. Mi madre no lo superó y al mes y medio murió una tarde, en la que justo yo estaba a su lado. A los tres meses mi padre salió de la UCI y dos semanas después pudo salir del hospital.
 Ahora todavía tiene que guardar reposo, no se siente aún bien, aunque a veces pienso que es más por la pérdida de mi madre que por las secuencias del maldito virus.
Justo en la entrada del teatro que está abierta hay dos centros de flores que realzan la entrada
Estamos todos esperando, ya van a ser las doce del mediodía Oviedo está repleto de gente, es la primera vez que vengo a esta ciudad y me parece muy señorial y hermosa.
Con nerviosismo abrí la carta, era de España carta oficial, de la fundación Princesa de Asturias, mi padre en nombre de la empresa, estaba nominado para el premio a la Concordia, me quedé impresionada, me temblaban las manos y me emocioné mucho, subí las escaleras  corriendo como si no hubiera un mañana, tenía que contarle a mi padre la buena nueva.
Miro el reloj ya son las doce en punto, por la calle dirección a la plaza aparece una docena de gaiteros, seis mujeres vestidas con falda larga hasta el tobillo en negro igual que el chaleco cruzado, camisa blanca, manton y pañuelo a juego,calcetines de punto en blanco y zapatos negros. Los hombres del mismo color pantalón y chaqueta, con pañuelo en cintura y cabeza a juego en rojo y calcetines en blanco con zapatos en negro. Las gaitas que la tocan tanto hombres como mujeres, son en negro azabache y están tocando el himno del principado de Asturias, que dice asi:"Asturias patria querida, Asturias de mis amores, quien pudiera estar en Asturias en algunas ocasiones..", otro grupo que van vestidos igual que los gaiteros se ponen en medio de la plaza y comienzan a bailar la jota que es así como se llama el baile, se colocan por parejas, es realmente emotivo y muy bonito. Los gaiteros se colocan en la puerta del teatro seis a cada lado para hacer un pasillo por ahí vamos a pasar toda la comitiva.
Entre corriendo a la habitación mi padre levantó la cabeza un poco y miró de reojo. Mientas se volvió a acostar, diciéndome con pocas ganas,
-¿Qué es lo que sucede ahora que entras como elefante en una cacharrería?, ¡en esta casa no hay quien duerma!
-¡Papá carta de España, estás nominado para un premio muy bonito!
Mi padre abrió los ojos como platos y se incorporó,
―¿Un premio dices?, dijo con cara de no dar crédito.
―¡Sii premio a la Concordia y es dentro de un mes!.
―Pero yo no puedo ir así, como estoy apenas me tengo en pie. El doctor dijo que me esperaban tres meses de reposo, esa fue la condición para dejarme salir del hospital. Tendrás que ir tú Mery.
―¿Yo?, pero tú sabes que a mi estas cosas no me agradan, me dan mucha vergüenza.
―Hija, tú vas a ocupar mi lugar y no en mucho tiempo. Mira bonita forma de comenzar a ir haciéndote a tu futuro puesto como presidenta de la empresa, recogiendo un premio.
Mi padre sonrió como hacía mucho tiempo que no lo hacía, fue lo que hizo que me decidiera a decirle que sí.
―Uff tengo mucho que preparar, equipaje, vestuario para recoger el premio y lo peor aún, ¡el discurso!.
―Nada de peor, tu solo habla de lo que te dicte el corazón y lo que para ti significa nuestra empresa nada más.
Qué emoción tengo ahora mismo, ya los estoy viendo llegar, al Rey de España Felipe, la reina consorte Letizia y sus dos hijas, las infantas Sofía y la princesa de Asturias, Leonor. Sin lugar a dudas, están bellísimas, la pequeña lleva un vestido de cóctel color verde manzana y la futura heredera al trono Leonor lleva una falda plisada con una blusa, color rosa pálido. La mamá de las dos, lleva un vestido negro con encaje en mangas, realmente elegante y con el cabello recogido. El rey lleva un traje negro muy elegante, es un hombre muy atractivo.
Detrás de ellos van, el presidente del principado de Asturias, el Alcalde de Oviedo y demás autoridades.
A continuación, vamos las personas premiadas y personas invitadas, que obtuvieron el premio en años anteriores.
Faltaba una semana para mi viaje a España, mi nerviosismo cada día aumentaba. Hasta mi padre llevaba unos días que se le veía como más agotado, la tensión también le afectaba. Me había estado ayudando para lo del discurso, después de mucho insistir.
Arriba en el escenario están los reyes, sus hijas y las autoridades más destacadas. Abajo cada asiento lleva nuestros nombres. El teatro por dentro es aún mucho más bonito. Y se ve muy grande.
Cuatro días estuve recorriendo Londres, tienda por tienda, hasta que di con un vestido precioso color violeta. Me pareció muy correcto según el protocolo que indicaba la carta. Los zapatos encontré unos tacón medio que tenía en casa, que les quedaba perfecto al vestido.
A mi derecha está sentado el nominado a Investigación científica y ciencia un equipo de Neurocirujanos que han logrado algo inimaginable que dos tetrapléjicos puedan caminar, voy detrás de ellos. Y a mi izquierda está la nominada a Letras, una chica uruguaya, Andrea Pereira por su libro de poesía, que realmente es maravilloso. Al igual que yo, está muy nerviosa y emocionada.
Faltaban dos días para viajar a España, aún guardaba la esperanza de que mi padre se recuperara del todo y al menos me acompañara. Pero no, mi gozo en un pozo, no sólo no se recuperaba, sino que cada día me parecía más agotado.
Por un momento me he llevado un susto tremendo, pensé que me había olvidado el papel donde tenía escrito el discurso, creo que hasta me he puesto pálida. Menos mal que recordé que lo había guardado en el bolsillo derecho del abrigo. No sé porque hice caso a Betty con lo de llevar abrigo y no es porque sea muy grueso, es un abrigo de seda pero para el día que hace con este sol, me molesta, obvio no me lo puedo quitar, ojalá no se note que estoy acalorada.
Parte de los trabajadores de la empresa, familia y amigos cercanos, me hicieron una cena para desearme suerte y ánimo, no solo era el ir a recoger el premio sino tratar de ver por abarcar más y hacer más negocio por la parte del cantábrico. Teníamos proyectos que seguro lograríamos expandir aún más nuestra empresa.
Primero está dando un pequeño discurso el rey, como se nota que lo ha hecho desde pequeño, con qué serenidad y seguridad habla. Pero me muero porque llegue el discurso de la princesa de Asturias. Será más largo, seguro está perfecto, está estudiando en el mejor centro educativo de toda Europa, así que seguro se notará.
La cena estuvo muy amena con la tristeza de que mi padre no estaba, pero había dejado para estar con él, la última noche. Yo misma preparé la cena e hice un postre especial. Aunque no comió todo, pues no tenía muchas fuerzas, estuvimos pasando una velada muy bonita, recordando muchas cosas y momentos que vivimos con mi madre a lo largo de toda nuestra vida, me gusto ver como mi padre sonreía al hablar de su esposa y de momentos de mi niñez. Y sonreía de que he sido tan afortunada de mis padres y de la vida que Dios me dio.
Pues sí, el discurso de la Infanta es maravilloso, ha heredado sin lugar a dudas todo lo mejor de sus padres, de verdad que merece la pena venir a ver estos premios. En cuanto termine, hablarán y saludarán el resto de autoridades y comenzará la entrega de premios, ¡por fin!
La despedida con mi padre fue triste y tuve una sensación extraña, que no llegué a entender. Cogí mis maletas y me fui para el aeropuerto y sin saber por qué mis lágrimas recorrieron mis mejillas. Mi viaje no iba a ser en solitario, nuestras relaciones públicas y nuestro principal jefe naviero me acompañaban.
Se acerca mi momento, ya Andrea está recogiendo su premio y va a dar su discurso. Tiene una sonrisa tan bonita, que nos tiene a todos pendientes de lo que va a decir. Mi ansiedad va en aumento.
El viaje fue un poco estresante, primero a Madrid y después de Madrid a Oviedo. Llegamos a las diez de la noche. Y ya tenían todo un plan dictado para la mañana siguiente.
Llegó mi momento, nombran a mi padre y quien va a recoger la estatuilla. Me levanto, siento sudores fríos y también me tiemblan las piernas. Pero como mi padre me dijo, levanto la cabeza, sonrió y caminó por el pasillo central, mientras todos aplauden. Subo las escaleras y me dirijo al centro donde me esperan el rey y su hija para darme el premio, que consiste en una escultura de Joan Miró, cincuenta mil euros, un diploma y una insignia. Lo agarro con gran orgullo, hago reverencia a los reyes y sus hijas y un saludo a las demás autoridades. Y me dirijo hacia el micrófono. Respiro, pienso en mis padres y comienzo mi discurso.
―Majestades, Excelencias, Presidente de la comunidad, Alcalde de Oviedo Delegados, Ministros, Señores y Señoras. Hoy para mi es un honor estar aquí, poder vivir este momento y no sólo por mi padre que por su enfermedad no puede estar, sino por mi familia, soy la quinta generación, de una empresa naviera, la Empresa White Star Line. Me llamo Mery Bruce. Mi tatarabuelo era Joseph Bruce Ismay fue el primer presidente y director de dicha compañía. Los primeros barcos creados fueron de vapor. Pero el comienzo de los más importantes, fue con el transatlántico RMS Titanic en 1912, el 10 de abril fue su viaje inaugural, que partió de Inglaterra a Nueva York, con capacidad de dos mil ochocientos pasajeros de los cuales más de ochocientos eran tripulación. El capitán de ese primer viaje y de muchos que vinieron después fue Edward John Smith. Era nuestro primer barco de lujo, ya en esa época contaba con gimnasio, piscina cubierta, biblioteca, restaurante de lujo y opulentos camarotes, estación de telegrafía y con las medidas de seguridad más avanzadas. Todo ello hacía ser el mejor trasatlántico creado y del que aún nos sentimos muy orgullosos.
Ahora mismo contamos con la mayor flota de barcos de lujo, ya vamos por el Titanic 56. Y podemos decir que estamos en el camino de contar con el total de viajes prácticamente tanto de Europa como de América latina y Estados Unidos.
Pero lo que más satisfacción nos da y nos reconforta es nuestra flota naviera RMS Titanium, que es por la que estamos aquí recibiendo este premio. Una flota que se encarga de ayuda humanitaria, de colaborar con la O. T. A.N.  También de dar clases gratuitas a futuros marines y de llevar transporte necesario a países con carencias, como, por ejemplo, África. El fundador de dicha flota fue mi abuelo Michael Bruce y quien recibe hoy el premio, mi padre que continúa con dicha función. Y seguimos luchando por abrir un abanico de nuevas posibilidades y de manera altruista.
Para nosotros toda esta labor es un modo de agradecer a tantas y tantas personas que a lo largo de estos años han confiado en viajar en nuestra flota y siguen haciéndolo.
Este premio se lo quiero dedicar en especial a todos nuestros trabajadores, desde los que estaban en máquinas hasta los que trabajan en el restaurante, comenzando por los primeros que estuvieron en los barcos de vapor, hasta ahora. Todos son los verdaderos ganadores, sin ellos no hubiéramos conseguido ser la empresa que somos. A todos ellos y a ustedes, gracias-.
Justo terminé mi discurso, los aplausos llenaron el teatro y yo no pude contener la emoción. Al terminar la entrega de premios, hubo una recepción, conocí a muchas personas y creé grandes lazos muy ventajosos para nuestra compañía. Estaba deseando contarle todo a mi padre, pero sobre todo entregarle la estatuilla, ya me lo imaginaba todo orgulloso colocando su premio en la estantería junto a otros igual de importantes y enseñado a la familia y amistades. No veía el momento de regresar a casa.
Bajo del avión agotada apenas puedo con los tacones, porque no metí en la maleta unas zapatillas, me pregunto a cada rato. En menos de veinte minutos estaré en casa, le pido al taxista que se dé prisa. Cuanto llego a la puerta de casa, veo muchos coches más de lo normal que suele ver, pero al bajar del taxi y avanzar hay una ambulancia, me temo lo peor. Entro corriendo a casa, subo y me encuentro a mi tío sentado en el suelo llorando, mi tía se acerca y me abraza.
―Lo siento Mery no has llegado a tiempo se acaba de ir. Me dice entre lágrimas.
Mi padre acaba de fallecer, no me ha esperado, no le he podido dar su premio. Y no me he podido despedir de él.
Los últimos días había empeorado, él ya sabía que no le quedaba mucho tiempo, por eso había pactado con los médicos el salir y morir en su casa. Por eso sentí esa sensación extraña cuando me despedí. Dicen que él estaba muy feliz de que yo hubiera ido a España y representarlo.
Han pasado dos días del entierro. Nunca he sentido la tristeza que ahora mismo tengo, me siento sola y huérfana, sin mis padres. Estoy sentada en el despacho de mi padre, en su sillón de piel marrón, observo la estantería y la estatuilla, que me da emociones contrarias, como algo que me ha dado mucha alegría, ahora lo veo y me llena de angustia y desazón. Si no hubiera hecho ese viaje, habría estado con mi padre. Pero ya nada puedo hacer.
He llamado al capitán del Titanium y la voy a entregar para que la tenga en el barco y todos puedan verla, creo que debe estar allí mejor. Y yo evitaré estar llorando todos los días.
Pero lo que no quiero evitar es seguir la estela de mi padre y que se sienta afortunado allí arriba de tenerme como hija, llevaré su legado con gran tesón.
Y el próximo premio, lo levantaré en alto y diré
―¡Va por ti papá!