YANET PINTO -CHILE-

PÁGINA 24

Mi nombre es Yanet Pinto, divorciada, madre de dos hijas y abuela de una hermosa nieta, nacida en Buin, pequeña ciudad al sur de Santiago. Cursé mi enseñanza básica en la Escuela Rural E811 de Alto Jahuel, es aquí en donde comencé a amar la lectura, lo que creo, me llevó con los años a plasmar mis sentimientos en poesía. Participé con dos de mis poemas en el libro la "Cuarta Antología de Poetas y Escritores Latinoamericanos".
 
¡Quizás, algún Día!
 
Quizás algún día logre erradicar de mi corazón cada uno de tus recuerdos.
Quizás algún día deje de pensar en el color de tus ojos, en la profundidad de tu mirada,
y cómo me estremecías cuando me tocabas.
 
Quizás logre borrar el sabor de tus besos
Quizás el aroma de tu ausencia se esfume
Quizás logre dejar de pensarte tan absurdamente, tan tercamente
Quizás, deje de extrañarte
 
Quizás las mañanas dejen de doler
Quizás las noches dejen su silente monotonía
Quizás las lágrimas ya no se asomen como hilos que horadan los surcos de mi vejez
Quizás hasta mis ganas comiencen a buscar otra piel
Quizás el invierno en el que me dejó tu partida se torne en cálida primavera
Quizás otras manos se entrelacen con las mías
Quizás otra canción se vuelva mi alegría 
 
Hasta entonces, te extrañaré con cada pedazo de mi ser, con cada latido, con cada suspiro, con cada nuevo amanecer.
 
 
 
 
Sin Ti, Sin Mí, Sin Nada
 
Me quedé con un beso suspendido en mis labios, casi colgando de mi boca, me quedé apagando memorias atascando sentimientos.
Me quedé con un te quiero galopando en mi pecho sin llegar a ninguna parte, dando vueltas en círculos, sólo para darme cuenta que no existe camino ya, que me lleve a ti.
Me quedé sin cauce para esta pasión desbordante, sin rivera y sin orilla.
Me quedé con un suspiro ahogado, con una lágrima involuntaria, con caricias muertas y sueños apagados.
Me quedé con el vacío que deja la ausencia, con la soledad que deja la lejanía.
Quedé con el llanto silenciado por la razón, que me zamarrea, que me aterriza, que me enseña a no volver a cometer los mismos errores, a no perderme a mi misma, a no hundirme en la ciénaga de la desesperanza, en las arenas movedizas del desamor.
Quedé con mi alma desnuda, con mi corazón, descorazonado, bajé la guardia al mirar tus ojos claros y cedí a tu embrujo, a la tentación de tenerte y di todo lo que tenía, todo lo que sentía, sólo para quedar, sin ti, sin mí... ¡sin nada!
 
 
 
 
A veces la vida no resulta como la planeamos, este poema es para aquellas parejas que aún permanecen juntas.
 
¡Quédate!
 
Quédate conmigo
cuando los años hayan dejado huella
cuando las canas ya se dejen ver
y tenga estrías en mi piel
 
Quédate conmigo 
cuando el tiempo 
se lleve la hermosura
la piel tersa, las finas curvas
y solo queden las arrugas
 
Quédate conmigo
cuando el cansancio haga mella
cuando ya los huesos duelan
y los kilos formen parte de mi ser
 
Quédate conmigo
cuando la pasión se acabe 
y dé paso al sosiego,
amor mío, ¡sigue siendo mi compañero!
 
Quédate conmigo
cuando lo hijos ya no estén,
cuando sigan su camino
y la casa, ya no vibre con sus ruidos,
 
Vida mía, quédate a mi lado
no te quedes por rutina
por acostumbramiento
quédate porque me amas
porque eso, es lo que yo siento
 
 
 
 
¡Qué Torpeza!
 
Ahogo mi llanto
en esta triste decepción 
y mi famélica esperanza
se desvanece en utopías,
¡aciaga suerte mía!,
¡creer que quizás, un poco me querías!
 
¡Qué torpeza! ¡qué necedad la mía!
 
Ahogo en la rutina de mi existencia
tantos deseos contenidos
tantos besos sin destino
tanto amor sin ser correspondido,
¡pensar que te quería,
como a nadie había querido!
 
¡Qué torpeza la mía, querer sin ser correspondida!
 
Envuelvo mi pena
en la lúgubre habitación que me cobija,
una cama fría que no recuerda si alguna vez sintió el calor de tu compañía,
una lámpara a media luz encendida
y ecos lejanos de sueños que atrás rotos quedaron.
 
¡Qué torpeza la mía, soñar que sería para toda la vida!
 
Y así al borde de mis lamentos
con las horas como muda observadora, voy regurgitando latidos, pateando sentimientos, ahogando desdichas, 
para sentir que aún apenas existo, que aún vivo, 
 
¡Qué torpeza la mía, sufrir por algo que ya ha fenecido!