JORGE ROLANDO ACEVEDO -ARGENTINA-

 

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PÁGINA 24

 

Jorge Rolando Acevedo  nació en Tartagal, el 10 de abril de 1968. Es profesor de Historia y Letras, poeta y escritor. Ha publicado tres libros de poesía: Eres como la hierba, (1997), El caminante, (2006) y Dadelos, la casa del silencio, (2020); y el libro de narrativa breve Habladurías.(Cuentos para un ratito, versos para una hora) (2019), que contó con el aporte  del Fondo Ciudadano  de Desarrollo Cultural, del Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte de la provincia de Salta.
 

 El pulpo Hinojosa
 
     De niño Valentín Hinojosa coleccionaba  figuritas de jugadores fútbol, especialmente de  guardametas. Figuritas de cartón redondas y rectangulares, presentadas en forma de fotografía y caricaturas. Entre los jugadores de la época,  se destacaban: Ubaldo Matildo Fillol,  Hugo Orlando Gatti,     Héctor Rodolfo Baley,  Agustín Mario Cejas, Esteban Pogany, Agustín  Enrique Irusta.
     Esa afición por los álbumes de figuritas  llevaba al niño,  además de la posibilidad de ganarse una pelota de fútbol número cinco,  a concurrir   a las canchas de fútbol,  donde jugaban:  Marcos “Chununa”  López, César “Juanita” Gómez,  el cabezón Olivera, la garza Ferrari, el flaco Valdiviezo, Pedro Regalado, Pedro y Ramón Ramírez; arqueros de Alianza Terciff, Pueblo Nuevo, Comunicación y Justicia,  Independiente,  Atlético San Martín,  Club Social y Villa Güemes.
       Valentín se transformó en el  portero del barrio: botines  “sacachispas”,  medias   largas que  lo pasaban en tamaño,   pantalón corto negro, una buzo  celeste, una jorra   y un par de guantes  blancos, aquellos   que usaban las niñas   en la primera comunión. Debido a su escasa estatura y faltas de reflejos, el arquero  se arrojaba después  que la pelota  traspasaba la línea de gol, en otras oportunidades volaba queriendo alcanzar la pelota.
       Su juvenil constancia y voluntad futbolera,  lo llevaron a jugar, años más tarde,  en distintos clubes:   N.O.B,  Deportivo Tabacal,  Campo Durán,   Incluso,  fichó para Central Norte, Juventud Antoniana y San Lorenzo de Almagro. Por sus destacadas actuaciones bajo los tres palos,  Valentín se ganó el mote de “El Pulpo Hinojosa”,  por su alcance de brazos y  habilidad para cortar centros.
    De hecho,  el joven jugador, de uniforme siempre azul,   alternaba el puesto de “número uno”  en el arco del último campeón del Torneo Metropolitano  con el oficio de dactilógrafo en las oficinas de YPF.
      Aquella tarde, en la última fecha de campeonato, a los ochenta y nueve minutos de juego, el  introvertido  dactilógrafo y golero  de Club Madereros   no tuvo tanta suerte como lo tuvo cuando  escapó de la cofradía de San José,   perteneciente al galeón “Luz Gala”. En aquella oportunidad, simplemente lanzó a  los corsarios, bucaneros y filibusteros,   una tinta negra y venenosa. Camuflándose, huyó hasta la cueva “Tres corazones” en el Pacifico Norte, impulsado por los tentáculos, llevándose consigo,  pegadas a las  ventosas, los lingotes de oro, las monedas de plata, las esmerarlas para la reina y los  barriles de vino de aquel galeón hundido por un certero cañonazo en 1708.
    Esta vez, el  mecanógrafo  y guardameta, el pulso Hinojosa no tuvo escapatoria: jamás pudo  liberarse del hexagonal entramado,  de la red ni del aserrín de área chica,  tras un tiro libre de media cancha del equipo contrario.
 
 

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Noche de reyes
 
     En  esta fecha los niños del barrio  suelen colocar algunos calzados, un poco de comida y una lista interminable de pedidos en la ventana de sus casas o en el árbol de navidad. 
   Esta noche no haré nada de eso: ni pondré mis zapatos número veintisiete en la ventana, tampoco juntaré  agua y pasto para que   beban y coman  los camellos. ¡Que se encargué  otro de eso! ¿Una carta a los Reyes Magos? Si dicen que vienen de  Medio Oriente, no creo que sepan el idioma  español.   Nunca supe que hubiera Reyes Magos. Si son reyes tienen que gobernar sus reinos. Si son magos tienen que estar trabajando en un circo…   Dicen que los Reyes Magos se llaman Melchor, Gaspar y Baltasar, que saben de astronomía  astrología y un poquito de teología. Yo conozco  Melchor Campana, un carpintero amigo de papá;  hace de una tabla de  madera una pistola o un rifle con balas y todo. También conozco a Baltasar Quinteros, él  es hermano menor de  Paco, el verdulero.  En tanto, Gaspar es el  fantasma que vive en la casona  abandonada a la vuelta de casa   Dicen  que los reyes magos  vienen trayendo mirra. ¡Sí aquí no se murió nadie todavía! Dicen que vienen cargados  de oro, entonces qué dejen un poco.  Dicen que ofrecen incienso, eso puedo ser: por aquí hay muchos altares populares  y  misa chicos.
   Esta noche observaré las estrellas  acostándome en el patio de casa, aunque Pascual intente llevarme a la cama a las dos de la mañana (Para quién no lo sabe, Pascual es el rey de los bostezos). Abrazaré a mis muñecos de plástico; ellos    tienen caramelos en sus panzas: el canguro  tiene caramelos de frutilla; el conejo tiene caramelos de ciruela, el elefante  tiene caramelos de  naranja  y ananá, el burrito tiene caramelos de dulce de leche y maní con chocolate. 
         Mis amigos seguramente  saldrán mañana  a mostrar  los juguetes  que le trajeron los Reyes Magos, en cambio yo  les contaré  que habiendo observado el inmenso universo, tuve el mejor de los regalos: mi padre sonriendo, cargándome en brazos como nunca antes, como nunca jamás…
 
 

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Motorola  BGH 
 
    Desde que el fulano llegó  a casa todo ha cambiado de manera trágica.    A las cuatro de la tarde suele despertarse, pone música a todo volumen.  De sólo estar comienza  opinar de política, de espectáculo, de economía.  Si no le gusta algo, ahí nomás se  enfurece: sube y baja la cabeza violentamente, el rostro se llena de puntitos gris y negros, un zumbido penetrante sale de su garganta; ni las palmadas, que le propina su dueña, pueden controlarlo,  y eso que Gobert Justiniano  le ha colocado una pantalla multicolor de última generación.
    El fulano sigue allí, en el mismo lugar de siempre a la espera de un nuevo campeonato mundial de fútbol:  es lo único que lo sosiega cada cuatro años.
 
 

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Fortunato
 
 
     Fortunato llegó como todos los invitados a la fiesta de cumpleaños.  Vino de bastón y un bonete color marrón, además de su traje típico de payaso, luciendo un  moño rojo y guantes blancos.
    Cuando le  apretaba la panza chillaba; cuando lo recostaba para dormir cerraba los ojos.
     Después de  cuarenta y cinco años, Fortunato, el payaso, se despintó por completo: ya no chilla, sus ojos celestes están ciegos, la flor  que traía  en la solapa del saco se marchitó; apenas sus zapatos negros suelen acompañarme en algunos viajes y desvelos, caminos del amor y la vida que se descubren sin maquillajes ni ensueños.
 
 
 

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Orejas
 
     Aquella mañana de sábado Orejas comenzó a mirar  los artículos de perfumería exhibidos en la vidriera; movía la cabeza en sentido afirmativo, pero  la movía en sentido negativo;  iba y venía por la esquina.  ¡Claro! Era casi todo nuevo para él.  Intentó continuar la marcha,  pero dudó un instante.  Al mirar y mirarse en el reflejo de la vidriera decidió ingresar al local comercial.
    Asomó  la  cabeza para ver quien despachaba: todas eran mujeres para el mal de su timidez.  Dándose coraje, a la cuenta de tres, Orejas ingreso a la farmacia “Del  Pueblo”  sin ningún apuro: apoyo su compasivo rostro en el mostrador, movió sus grandes orejas y mostró sus enormes dientes…
 Entre  gritos  y alaridos, las boticarias Yeye Rodas y Natalia Sare corrieron a esconderse en el botiquín de primeros auxilios, detrás de la balanza, incluso, una de ellas le arrojó un manojo de llaves sin mucho éxito.   Aturdido por la histeria de las empleadas,  el pobre  retiró su hocico del mostrador y salió al trote  de la  farmacia  aquella mañana sin poder comprar su perfume favorito.
 
 
 
 

Jorge Rolando Acevedo.
Argentina