ANÍBAL FERNANDO BONILLA -ECUADOR-

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PÁGINA 27

 

 

Máster en Estudios Avanzados en Literatura Española y Latinoamericana en la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Licenciado en Comunicación Social. Ha publicado, entre otros, la recopilación de artículos de opinión ConTextos (2009), Evocación de la tierra habitada (2011, 2014), Oda en plenilunio y balada del ángel (2012), Gozo de madrugada (2014), Tránsito y fulgor del barro (finalista del Premio Nacional de Poesía Paralelo Cero 2018), e Íntimos fragmentos (2019). Poemas suyos han sido incluidos en diversas antologías y publicaciones dentro y fuera de su país. Columnista de diario    El Telégrafo entre 2010 y 2016. Actualmente es articulista de El Mercurio, de Cuenca, así como colaborador en la revista digital venezolana Letralia, Tierra de Letras, y en el portal loscronistas.net. Ha participado en eventos de carácter literario, cultural y político en España, Nicaragua, Argentina, Uruguay, Cuba, Bolivia y Colombia, como el XV Encuentro de Poetas Iberoamericanos en Salamanca (2012), el III Encuentro Internacional de Poesía en la Ciudad de los Anillos en Santa Cruz de la Sierra (2016), o el XIII Encuentro Internacional “Poetas y Narradores De las Dos Orillas” en Punta del Este (2014), en donde recibió la distinción “Idea Vilariño”, por su trayectoria literaria.
 

 

 
XLVII
 
Hablar
desde el lenguaje del mutismo;
el mundo andante esperando por nosotros.
 
Penetrar a la esfera desconocida
en una aproximación etérea.
 
Abrir las puertas de la catedral
tras un repentino soplo de fe.
 
Naufragar en las profundidades
del amor;
invitación como estallido de cristales,
pedazo roto en copa vacía.
 
 

 *     *      *

 
XLIX
 
Fragmento de luz
tras el último beso de agosto,
ojos ávidos de cristal
de aquel gato en vigilia.
 
Sortilegio en el mar
ante el aplomo de la noche circundante,
canción roja de metal
en el desplome de los cuerpos afligidos.
 
Surco en la tierra fatigada
por la inclemencia de los siglos
y el rumor de catacumbas,
la duda permanente
en el mañana azul
como papel de celofán
en el viento.
 
 

*     *     *

 
LI
 
Las metáforas silenciadas
en la rotura del desafío
sin embargo
del lápiz diminuto.
 
Las horas convulsas
en la magia del tiempo.
 
Los entretelones
que se resisten al anuncio
ante el extravío de las hojas perennes,
aislamiento después de los adioses.
 
Nuevamente
las blancas paredes
que calladas
lo dicen todo.
 
 
 *     *      *
 
 
LII
 
Vuelvo al poema
como seducción en la escapatoria,
como relicario de orfandades,
como lascivo encanto
en la triste noche,
como hojarasca sin una pizca de viento,
como aluvión que devora la siembra,
como abismo que carcome el sueño,
como derrota cuya consecuencia
oculta la ceniza,
como sombra que se asemeja a tu ausencia,
como relámpago en la intemperie,
como insomnio que deja los ojos inflamados
en el cuerpo del animal en llamas.
 
Vuelvo al poema…
 
 
 

De Íntimos fragmentos, Aníbal Fernando Bonilla, El Ángel Editor, Quito, 2019.

 

 
*     *     *

 
 
El fruto de otra larga noche
 
 
La apuesta diaria desde el génesis,
sombra en el umbral como cicatriz de lo desconocido.
Acertijo de las cosas insondables,
conjuro de vida expuesto de cuerpo entero;
orfebrería en plena aurora.
El poema como mortaja del mundo
en la cadencia del tiempo.
Los colibríes, huéspedes de honor en el amanecer fulgurante;
revelación en el escenario de la incertidumbre.
Apremio por los códigos marchitos,
desnudez del miedo que moja la pólvora,
fatiga en el reino ante el desprecio del soberano.
Anuncio de lo sagrado en el borde de lo efímero,
alusión de las aristas que queman las hendiduras del alma,
alucinación como recoveco que envuelve a la muerte.
El poema en el hermético palpitar peregrino,
huella y caricia en el corazón con armadura de celofán,
sonido de viejos acordes que retumban en la memoria de los otros,
angustia que decanta su propia sombra,
luz y senda que despierta el apetito de la luna voraz.
 
 

 *     *    *

 
 
 Sorbo de nostalgia
 
Las tazas
desandan
el aroma del tiempo,
redescubren
la memoria de otras latitudes,
delatan las calles transitadas
las cúpulas
en la amplitud de la historia;
ciudades desconocidas
de piedra
de viento
de equinoccio
de infancia
de verdor
de lejanía.
 
Las tazas
acumulan
aguas del mundo,
el hombre
sorbe el último
aliento de mar.
 
Morada ajena
cuyo faro
anuncia el horizonte.
 
Las tazas
aguardan
en mi estante
los colores
del errante,
la melodía
de otros lares
como nostalgia pura. 
 
 

*     *      *

 
   Canto sagrado
 
Felonía que rompe corazones,
devoción del gozo oculto.
Intensidad del río en los adioses
tinta derramada hacia la nada.
Reminiscencia de los años mozos
como lenta espera del ocaso.
El paseo del domingo
en la impotencia acumulada de lluvia.
 
Juegos iniciales como estirpe andante
en el vuelo sin tiempo,
quebranto por la ilusión fallida.
Pasión de sábanas ante el cúmulo del insomnio
y el fragor de la batalla entre dos serpientes.
Sensación perturbadora que deviene del olvido.
Escote para los ojos esclavos,
cuello atado al cántaro del siguiente día,
olor de bienaventuranza.
 
Son los sueños cuya bitácora alerta el diluvio.
Condena que nos deja este clamor poético.
 
 

 *     *    *

 
Piedras en el amanecer
 
Estupor de dos fieras
en el desierto calcinado por el hastío.
 
Duendes que huyen de la contemplación
aturdidos ante el diluvio.
 
Dios en la boca del ausente,
grito lastimero que revela derrotas.
 
Reminiscencia en la balanza que sostiene los huesos
como fatiga y quebranto,
piedras recogidas en el camino hasta el amanecer,
cordura fracturada en la cornisa de nuestros hábitos.
 
Pasión inerte en las caderas del tiempo,
exhortación del fruto prohibido.
 
Mirada caliente en el cadalso azul,
mientras la mentira devora sus ojos de marfil.
 
 

 *     *     *

 
 
Poética I
 
He ahí el cielo en la plenitud sagrada
la fraternidad de lo dicho y de lo callado
el abrazo que recoge afectos
el estallido de penurias
y el aroma del café cargado de gozo,
la sonrisa a flor de piel
la austeridad de lo indecible
el relámpago tras la caída de los cuerpos
el sollozo de los excluidos
el advenimiento de vientos promisorios
la ruptura del pretérito
la antítesis del caos
la seducción del ángel desconocido
la piel de los otros
los besos contenidos en el tiempo
la balada preferida por los amantes discretos
las casitas multicolores
en donde aguarda la historia
y la histeria de sus habitantes,
el letargo de los días
el amor como conjuro inútil
el desamor como necesaria catarsis
la increpación de la derrota
la mirada taciturna del forastero demolido
ante el estupor de la vida,
la fe impuesta en las catedrales. 
 
He ahí los árboles
cuyas hojas van a la deriva del viento
tropezando en la metrópoli de veredas doradas
como fulgor de otoño.
 
 

 *      *      *

 
Poética II
 
Desde los aromas disímiles,
desde los olvidos,
desde las penitencias,
desde la herida múltiple,
desde la febril realidad,
desde las antípodas latentes,
desde la humedad y la esperanza
el texto sobreviene
en torrente y acantilado;
literatura de soledades,
devoción fatal.
 
Poesía que somete a la rutina,
desde el murmullo de amor,
desde la luna enrojeciendo las almas ausentes,
desde el tango 
y la desnudez de las vértebras humanas,
desde los zapatos desgastados en la grieta,
desde el frío y la memoria,
desde los rostros desaparecidos,
desde la fe devuelta
a pesar del insomnio
y la monotonía.
 
 
 

De Tránsito y fulgor del barro, Aníbal Fernando Bonilla, El Ángel Editor, Quito, 2018.

 
 

 
 *     *     *

 
 
Pájara poesía
 
Saciarme
de consonantes
de mensajes que emanan a la deriva
de mares dispersos,
de nostálgicos emplazamientos
en el colofón del camino.
 
Extasiado
de la voz que estremece
las honduras del alma,
de la felicidad que se esparce
en el paseo dominical,
del espasmo ante
los pájaros inertes.
 
Poesía
mirada oculta del hombre,
abalorio aprisionado en el río,
cálida tarde
testigo del primer beso,
zumbido y éxtasis
de los cuerpos penetrantes,
rostro devorado por la última lágrima,
brío del monte
quejido del viento,
reminiscencia de lo actuado
y de lo pendiente.
 
 

*       *      *

 
 
Susurro y confesión
 
Han sido
muchas tardes
muchos besos
muchas palabras en el aire
muchos gestos rabiosos
mucha adrenalina
revelada en la cama
de dos plazas,
muchas caricias
como el viento,
muchas borracheras
hasta perder el juicio
y la memoria,
muchos deseos de muerte
muchas lluvias
con sabor a derrota
muchas bendiciones
de nuestros padres sabios
muchos saludos fingidos
muchos desayunos sin melaza
muchos adjetivos
que rompen el corazón
muchas hojas secas
en el olvido
mucha incertidumbre
en el camino de espinas.
 
Y sin embargo
te tengo
junto a mí
como en el principio;
íntegra
como la eternidad
suspendida en un abrazo.
 
 

*      *      *

 
 
Estado del alma
 
Cuando
las puertas
se cierran
es preferible
no entrar a casa
divagar
en la frondosa selva
sobrellevar
los latidos
del corazón fracturado
caminar
sobre el agua
hasta el ocaso.
 
Cuando
las palabras
sobrecogen
la molestia
de los ciclos agrestes
es mejor
decir adiós
dar la vuelta
a la página
virar la esquina
con dolor
entre la angustia
y la sequía.
 
 

De Gozo de madrugada, Aníbal Fernando Bonilla, El Ángel Editor, Quito, 2014.

 

 

*       *      *

 

 

 

Semilla del hijo bueno


Yo te vi nacer
como pan
como roca
como semilla,
en la plenitud de la tarde.
 
Yo te vi abrir los ojos
desde el alarido inicial
como pequeño pájaro
que extiende sus alas 
en la proximidad
de horizontes desconocidos,
de vientos capitales.
 
Tu identidad de hijo bueno
brota con el amanecer
detenido en el umbral
de las parábolas
y la heredad bíblica.
 
Eres el nuevo pescador de hombres
bendecido por la abundancia
del agua.
 
Paulatinamente
conocerás el camino
de bondades
y el túnel que conduce a la oscuridad. 
 
Tu corazón late con el gozo de los siervos,
tu sonrisa se ilumina con la gloria de los justos.
 
No padecerás hambre
ni lamentaciones
porque tu canto
será a favor de la ternura
y el verdor del mañana.
 
Eres carne de mi carne,
expansión de la sangre
que brota de los confines
del gozo eterno. 
 
 

De Oda en plenitud y balada del ángel, Aníbal Fernando Bonilla, El Ángel Editor, Quito, 2012.