MARÍA DEL ROCÍO HERNÁNDEZ -ESTADOS UNIDOS-

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PÁGINA 8

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María del Rocío admirador de escritora. Ha publicado 6 libros: Gotas de Rocío, Aurora, A piel de Orquídea, De García a Lorca, Al vuelo de la Grulla y El mundo de UNI, este último, escrito e ilustrado, con los nenes de casa en mente, un libro que fomenta el respeto, y amor entre padres e hijos y a los animalitos.  Ma. del Rocío vive con su familia en California.


 
 

¿Será?
 
¿Será qué en el pozo
de la muerte
el terror al más allá
se siga sintiendo;
qué la muerte
no mate la conciencia
y se siga temiendo
esfumarse
a un agujero sin final,
a un universo
sin horizonte?
¿Será posible
qué el alma
nade en la oscuridad
con la mente
clara buscando
un nuevo cuerpo?
¿Y si, al perecer,
queda inerte,
sumido en oscuridad
y silencio; si no hay luz
al final del túnel
y no se encuentra
nada ni nadie que guíe
en el inframundo?
Qué terrible sería morir
hacia la nada,
como si nunca
se hubiese existido...
 

*     *     *

 
Amor
 
¿Dónde habitas Amor
que no te encuentro,
acaso, en los besos
recelosos de mi amado?
¿Estarás en sus brazos,
a mi espera?
¿¡O te fuiste a divagar
por los ocasos!?
Dime, Amor,
¿dónde te has ido?
¿O es que eres falaz,
e inexistente?
¡Amor, Amor muestra
tu cara!
No pueden ser mentira
mis recuerdos, mi añoranza.
Sé, eres lo más sublime
de esta vida...
¿Pero dime, por qué
tu ausencia, de mi vera?
¿Acaso seré yo,
qué te he olvidado?
 
El desvelo de la pluma
Tumbado e inerte
con las cuencas vacías
descifrando las penumbras,
deseando estas le dictan
las letras escurridizas.
Sabe a perfección que busca
en el vacío, donde hace ya tiempo
el subsuelo fue húmedo.
Un subsuelo, del cual manaba
una inspiración desconocida,
pero qué en susurros le dictaba
a borbotones sus versos,
sinfín de historias, deseando
ser escuchadas;
las rimas se deslizaban al igual
que cataratas cristalinas.
Las letras hacían fila, inquietas,
tomando su lugar
en las líneas en blanco.
¿Dónde quedaron,
quién amordazó
su grito, euforia, su entusiasmo?
El camino es incierto, mas,
sus señales concisas.
¿A quién engaña?, se pregunta.
Si hace tiempo, mucho tiempo
en sus bolígrafos murió la tinta,
sus libretas cogen polvo,
de sus manos cae la pluma,
las ideas quedan a medias.
Todo en él quedó escueto,
y sigue con las cuencas vacías
en espera de su musa...
 

*    *    *


 
Sembrador
 
Al sembrador de versos
se le agotó su caudal.
¿Para qué indagar razones,
para qué agrandar su llaga?
Hace tiempo que navega
entre ríos extenuados, sin peces
o cascadas; las aves,
ya no dan inspiración,
ni de las flores, percibe su aroma.
No palpita un corazón
para dictar sus amores,
el alma vive en penumbras,
sin pronunciar va sus penas.
La inercia hizo de su pecho hogar.
Ya la nostalgia olvidó cómo decir su tristeza.
Antes, llamado poeta,
en letras dejaba su confesión,
su amargura, su tristeza o bien dolor;
muchas veces su alegría.
De a poco, las líneas de su libreta
fueron quedándose en blanco,
respirando en el olvido.
Aquella musa, que, en susurros,
a sus sentidos hablaba,
con voces místicas y quedas,
le dejó de musitar; y su duende quedó mudo,
el que raudamente y sin respiro
le dictaba que escribir.
Todo se terminó. Y así murió aquel poeta.
Con mil libros en derredor, firmados,
sin entregar; pensamientos inconclusos,
ideas sin terminar, libretas sin comenzar,
y sus ilusiones muertas.
Terminó sepultado aquel poeta
y nadie lo recordó.
 
 

*    *    *

 
Aspiro
 
En ese instante
veras, recóndito, etéreo;
cuando la musa,
en insistencia
llama con grito
silencioso qué arremete
los sentidos,
es que voy a tu porción
de cielo,
a ingerir de tus mares
de inspiración
y lirios,
aspiro de tu aliento,
me baño en tu corriente
del maná de tu alma;
observo las miradas
donde posó la tuya,
deslizo mis dedos
en aromáticos pétalos
de seda que resultan
tus versos.
Y, alimento a mi duende
sediento que clama
con su grito
qué en el recoveco
que encadena tu pecho
habitan las gemas
para saciar mi musa.
 
 

*     *     *


A cuestas
 
Mi tumba,
la que llevo
anclada a mi vida
abre una rendija;
me permite ver
las razones
de mi deceso.
Siento
un viento suave
que antes no aprecié;
risas que no escuché,
veo manos que se alejan,
que no estreché.
Veo sonrisas tristes
que no devolví,
miradas que no sentí;
cantos de aves
que descarté.
Veo amigos alejarse
que no abracé.
Mi túmulo,
el que llevo
a cuestas, me deja ver
nunca quise vivir;
pues viví muerta
en vida.
 
 

*     *     *

 
Y, ama la flor
 
Ella abría
sus corolas
en busca del jugo
azucarado,
y saciar sus pistilos
sedientos.
Entreabría
sus tiernos pétalos,
y así, recibir
el manjar apetecido.
Delicada, sensual.
Colibrí se posaba
embelesado
a su hermosura,
ávido, ansioso,
de sus zumos.
En recelo, abeja
observa, temeroso
de no beber de ese
dulce prohibido.
Mientras colibrí
y abeja se acongojan,
mariposa, disfruta
el rico almíbar
codiciado.

 
 

María Del Rocío Hernández